Sorbo a sorbo
Así ,
lento y pausado
me dedico a beber las imágenes de los acontecimientos.
Aunque no soporto los rituales propios de el contexto parrillero, saco fuerzas para mostrarme sociable y entablar conexiones con los anfitriones. Mí único amigo es un vaso de vodka que se derrite en mi boca y no en mis manos. Las mujeres desde dentro conversan sobre el tomate y la lechuga y afuera se pasan las milenarias técnicas del carbón bien encendido.
Un tuto se escurre entre las rendijas y todo se torna confuso. Pánico entre los alfa. El líder, sin temor a quemarse levanta a mano limpia el tejído metálico y , con poca destreza, otro bombero asume el rescate. Restituido el orden lógico solo faltan los abrazos apretados y las medallas al mérito.
Sorbo a sorbo el vodka se incorpora a mi visión.
Las chicas que no se metieron en la fuente de las ensaladas bailan en la terraza con coreografías salidas de las más selectas escuelas de danza.
La radio esta a todo volumen por lo que hasta escuchar mis propios pensamientos se hace difícil, pero nadie parece notar este problema y siguen con la mirada los contoneos de las bailarinas aunque no logran distraer a la magia hipnótica del carbon encendido, el pincho y el cuchillo en la mano, fetiches invaluables, por cierto, objeto de deseo y simbolos de poder en el clan.
Nadie mas toma de la botella y cuando se ha evaporado la mitad del líquido, ya comienzo a sentir el ruso como mi lengua nativa.
Los acontecimientos se precipitan una vez que el tuto esta cocido, la carne esta en su punto y la mesa esta dispuesta.
Nadie habla, las bocas estan muy ocupadas masticando y se hace evidente que fue larga la espera. Más evidente cuando me doy cuenta que la botella solo tiene un décimo de su contenido original. Casi ni sentí lo que comí.
Me entregué a dionisio rotundamente y fui perdiendo la noción de espacio y tiempo. No hallé rastro de mi conciencia. Distraído por el ruido y la zandunga sorbo a sorbo fue desapareciendo.
Lo demás está borroso, como en un sueño.
Maldito dolor de cabeza.
lento y pausado
me dedico a beber las imágenes de los acontecimientos.
Aunque no soporto los rituales propios de el contexto parrillero, saco fuerzas para mostrarme sociable y entablar conexiones con los anfitriones. Mí único amigo es un vaso de vodka que se derrite en mi boca y no en mis manos. Las mujeres desde dentro conversan sobre el tomate y la lechuga y afuera se pasan las milenarias técnicas del carbón bien encendido.
Un tuto se escurre entre las rendijas y todo se torna confuso. Pánico entre los alfa. El líder, sin temor a quemarse levanta a mano limpia el tejído metálico y , con poca destreza, otro bombero asume el rescate. Restituido el orden lógico solo faltan los abrazos apretados y las medallas al mérito.
Sorbo a sorbo el vodka se incorpora a mi visión.
Las chicas que no se metieron en la fuente de las ensaladas bailan en la terraza con coreografías salidas de las más selectas escuelas de danza.
La radio esta a todo volumen por lo que hasta escuchar mis propios pensamientos se hace difícil, pero nadie parece notar este problema y siguen con la mirada los contoneos de las bailarinas aunque no logran distraer a la magia hipnótica del carbon encendido, el pincho y el cuchillo en la mano, fetiches invaluables, por cierto, objeto de deseo y simbolos de poder en el clan.
Nadie mas toma de la botella y cuando se ha evaporado la mitad del líquido, ya comienzo a sentir el ruso como mi lengua nativa.
Los acontecimientos se precipitan una vez que el tuto esta cocido, la carne esta en su punto y la mesa esta dispuesta.
Nadie habla, las bocas estan muy ocupadas masticando y se hace evidente que fue larga la espera. Más evidente cuando me doy cuenta que la botella solo tiene un décimo de su contenido original. Casi ni sentí lo que comí.
Me entregué a dionisio rotundamente y fui perdiendo la noción de espacio y tiempo. No hallé rastro de mi conciencia. Distraído por el ruido y la zandunga sorbo a sorbo fue desapareciendo.
Lo demás está borroso, como en un sueño.
Maldito dolor de cabeza.


1 Comments:
Los ojos de una curiosa viajera abarcan el Tugurio en una noche helada. Esta noche no hay estrellas, aunque las hubo la noche anterior y eso le basta a la joven que descubre su rostro, se saca la capa y dice...
"Por Orión! Hacía tiempo que no veía a tantos borrachos juntos!"
Se sienta en una esquina y pide un vaso de agua.
"Ya he gozado lo suficiente de la compañía del buen Dionisio por este fin de semana... Por el momento solo pasaba a saludar..."
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