Monday, September 19, 2005

Recepción de Gala

Caí, domingo 18, en el teatro municipal. Elenco internacional para Aida, tres Actos, luego cóctel. Todo al gratín, hice los honores correspondientes. Vinos para bañar yeguas, quesos 10 variedades, jugos de mil sabores, canapés exóticos, brochetas de todos tipos, dulces al por mayor y whisky a destajo fueron la tónica del comistrajo. A todo trapo (pa no decir a toda raja). Si hasta le firme con tinto el uniforme de gala a un paco que se acaparaba una mesa.
A cuenta de la Moneda, protocolo el que financia. Ricardo y su Dama los anfitriones. Rancios linajes hubo, mirandome con desdén por mi facha de mortal sin corbata, todo encopetados y de lifting estrenados. rubias, muchas rubias y mucho ojito claro.
Me pregunte donde estaban los perniles potentes de mi Chile, las pechugas desbordantes y los traseros portentosos. en alguna Fonda cumbiera porsupuesto. Aida de Verdi para los más estirados, reaggeton para el pueblo. 18 de septiembre en Santiago.

Saturday, September 17, 2005

Teleserie

Los parroquianos que visitan este Antro no cesan de repetir, haciendo mofas, la teleserie transmitida en cadena nacional, donde los protagonistas, cegados por el velo de la idiotez, sufren los avatares de la vida real para luego exhibirlos, como valiosa mercancia, comprada por otros que sufren las mismas penas -en distinta escala- llenando así el vacío de no tener una vida propia, inventada por ellos mismos.
Recuerdan algunos la "escandalosa" aparición de la casa de vidrio y las vestiduras rasgadas de los grupos probos y moralistas que acusaban la llegada del apocalipsis.
Esta nueva casa de vidrio, más dañina, absurda, escandalosa, sesgada, paranoica, megalómana, ordinaria, chabacana, mercenaria y puta, no acusa reclamo alguno y continúa su rutina diaria de ganarle al people meter.
Yo les pregunto a los presentes si dejarían esta casa de cristal en la basura, pero me miran atónitos y haciendome callar me dicen que está por empezar otro capítulo.

Sunday, September 04, 2005

Sorbo a sorbo

Así ,
lento y pausado
me dedico a beber las imágenes de los acontecimientos.
Aunque no soporto los rituales propios de el contexto parrillero, saco fuerzas para mostrarme sociable y entablar conexiones con los anfitriones. Mí único amigo es un vaso de vodka que se derrite en mi boca y no en mis manos. Las mujeres desde dentro conversan sobre el tomate y la lechuga y afuera se pasan las milenarias técnicas del carbón bien encendido.
Un tuto se escurre entre las rendijas y todo se torna confuso. Pánico entre los alfa. El líder, sin temor a quemarse levanta a mano limpia el tejído metálico y , con poca destreza, otro bombero asume el rescate. Restituido el orden lógico solo faltan los abrazos apretados y las medallas al mérito.
Sorbo a sorbo el vodka se incorpora a mi visión.
Las chicas que no se metieron en la fuente de las ensaladas bailan en la terraza con coreografías salidas de las más selectas escuelas de danza.
La radio esta a todo volumen por lo que hasta escuchar mis propios pensamientos se hace difícil, pero nadie parece notar este problema y siguen con la mirada los contoneos de las bailarinas aunque no logran distraer a la magia hipnótica del carbon encendido, el pincho y el cuchillo en la mano, fetiches invaluables, por cierto, objeto de deseo y simbolos de poder en el clan.
Nadie mas toma de la botella y cuando se ha evaporado la mitad del líquido, ya comienzo a sentir el ruso como mi lengua nativa.
Los acontecimientos se precipitan una vez que el tuto esta cocido, la carne esta en su punto y la mesa esta dispuesta.
Nadie habla, las bocas estan muy ocupadas masticando y se hace evidente que fue larga la espera. Más evidente cuando me doy cuenta que la botella solo tiene un décimo de su contenido original. Casi ni sentí lo que comí.
Me entregué a dionisio rotundamente y fui perdiendo la noción de espacio y tiempo. No hallé rastro de mi conciencia. Distraído por el ruido y la zandunga sorbo a sorbo fue desapareciendo.
Lo demás está borroso, como en un sueño.
Maldito dolor de cabeza.